Volver a sonreír :)

El año pasado, tuve unos meses en los que la pasé realmente mal, ¿se acuerdan?

La verdad estaba muy triste y enojada, y había entrado en un círculo vicioso del cual me costaba mucho salir.

Es que claro, había muchas situaciones externas sobre las cuales no tenía ningún control y no podía cambiar, como la depresión de mi madre o la bancarrota de mi familia.

Pero me había olvidado que había cosas que yo sí podía hacer para estar mejor, para volver a sonreír.

Esto fue lo que hice para devolverle un poco de felicidad a mis días:

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Cine: Relatos Salvajes –todos podemos perder el control

Confieso que el cine nacional (y por nacional me refiero al argentino) nunca fue de mi particular agrado. No es que no haya un puñado de películas locales que me gustaron mucho, pero para ser sincera no suele ser lo que más me gusta, y por lo tanto difícilmente lo elija.

Por suerte a veces la vida te da oportunidades que vos misma no te darías, y ayer terminé viendo, dos semanas antes de su estreno, Relatos Salvajes. Y me pareció una verdadera obra maestra.

Relatos Salvajes

Aunque eso no debería haberme sorprendido considerando el talento que hay detrás de Relatos Salvajes: escrita y dirigida por Damián Szifron, con Almodóvar entre sus productores, y la actuación de gigantes como Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia, Oscar Martínez, Érica Rivas, y Darío Grandinetti entre otros. Todos impecables.

Relatos Salvajes se compone de seis historias cortas, relatadas de a una, en la cual una situación normal o al menos posible, termina escalando en forma –justamente– salvaje.

Cada historia te termina tocando en lo personal, te hace preguntar “¿y si me pasase a mí? ¿qué haría? ¿llegaría a eso?”.

Hay toques de comedia, de drama, y escenas que no pude mirar de lo mucho que me impresionaban, no por su violencia, sino por su realismo.

Mi novio siempre me dice: “Todos estamos a un trauma de convertirnos en Lex Luthor”.

Relatos Salvajes es la perfecta manifestación de ese principio.

Excelentes actuaciones, planos, historias, guión, fotografía. No tengo más que halagos, y les recomiendo muchísimo ir a verla.

Les diría cuáles fueron mis dos relatos favoritos pero no quiero condicionarlos. Después del estreno les cuento ;)

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“No tengo tiempo” vs “No es una prioridad”

“No tengo tiempo” es probablemente la frase que más vengo usando el los últimos años, y seguro que muchos de ustedes también. En mi caso, entre un trabajo full time, dos blogs que mantener, una vida social online muy activa (update: a la que se le suma el canal de YouTube!!), y las cosas que hago para mi vida personal offline, parece que no hay espacio para nada más. Pero la verdad, no siempre es el caso.

A veces no es una cuestión de no tener tiempo para hacer cosas, sino que no es una prioridad en mi vida en ese momento, epifanía que tuve gracias a este post de Lifehacker.

Poder dejar de decir “No tengo tiempo” a “No es una prioridad” es poderoso para los demás y para uno mismo.

Decirle a tu hermana “No es una prioridad que vayamos a comprar ropa en este momento” la puede ayudar a entender mejor por qué la negativa.

“No es una prioridad llevar la ropa al lavadero” nos puede hacer sentir mejor con respecto a nuestros tiempos, admitir que hay otras cosas más importantes nos pone en un lugar de dueños de nuestro tiempo en vez de víctimas.

Ahora, decirle a tus amigos “No es una prioridad que nos veamos después de tanto tiempo” puede ser más duro.

Admitir “No es una prioridad ir al médico aunque hay algo que me viene doliendo” es, sin dudas, un motivador para frenar un minuto y pensar si estamos priorizando bien.

Yo por lo menos voy a tratar de empezar a reformular “No tengo tiempo” por “No es una prioridad”, aunque sea internamente. Creo que me va a mostrar mucho sobre mí misma.

Post escrito en marzo 2012, y actualizado con el video que lo acompaña.

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Me autocoroné la Reina de la Procrastinación

Procrastinar es una palabra fancy y difícil para cuando hacemos cualquier otra cosa excepto las cosas que tenemos que hacer.

Yo procrastino un montón, y sobre todo lo hacía en el colegio y en la facultad, cualquier cosa con tal de no estudiar. Separar la ropa en el armario, ordenar cajones, ir al gimnasio, ordenar archivos en la computadora.

Cualquier cosa con tal de no ponerme manos a la obra con lo que era importante.

Pero para avanzar en la vida con las cosas que queremos alcanzar, a veces no queda más que dejarnos de mariconear y hacer lo que hay que hacer.

Así que después de mucho tiempo me dejé de dar vueltas y les preparé este video.

El primero de una nueva etapa.

PD: Cópense, compartan con sus amigos, denme feedback que soy súper novata en esto, y de paso mangazo, suscríbanse al canal en YouTube ;)

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Así que esto es lo que se siente cuando perdés la final…

Salimos segundos. Argentina subcampeona del Mundial Brasil 2014.

Dimos un partido más que digno con el rival más fuerte de todo el campeonato, tanto que hasta por un rato nos animamos a soñar con que podíamos ganar. Bueno, durante más que un rato.

Pero el deporte es como la vida muchas veces, ¿no? Una distracción, un descuido, y boom, se viene todo abajo.

Sí, la amargura y la tristeza está, pero no por lo que fue, sino por lo que pudo haber sido y no fue. Un poco como en ese capítulo de Doctor Who de Clara y su hoja del árbol. Perdón, volvamos al fútbol.

Me entristece no haber podido gritar que somos campeones esta vez. Pero todo lo demás, me pone feliz.

Llegamos a la final, jugamos los 7 partidos.

Todos decían que “no teníamos ninguna chance” y le pusimos el frente a la situación durante casi 120 minutos. Perdimos 1 a 0. Nada mal. Nada, nada mal.

Argentina subcampeon

De los jugadores no tiene sentido en pensar en qué podrían haber hecho o dejado de hacer. Hubo muchas oportunidades que no se dieron, hubo estrellas que no brillaron, pero al fin y al cabo hicieron un gran campeonato y son ellos los que están allí poniendo el cuerpo. Nada de críticas, solo agradecimientos.

Del penal no cobrado, no me voy a quedar rumiando con eso. Yo creo que fue penal, pero es distinto a lo que le pasó a México con Holanda, o a nosotros mismos con Alemania en el ’90. En esos casos les cagaron el partido, en este… bueno, nos quitaron la posibilidad de que sea mucho más fácil, pero nadie sabe qué podría haber pasado. Prefiero no pensarlo, no usarlo como excusa. Lo que no fue, no fue.

Para los que salieron a festejar el segundo puesto, aplausos. Eso es hacerle frente a una “adversidad” y disfrutar de las cosas buenas que quedan. ¡Tuvimos un mes entero de buen fútbol y nos fuimos lo más cerca posible de haber alcanzado la copa! ¿Podría haber sido mejor? Claro. ¿Eso quita todo lo otro bueno? Para nada.

A los que se calentaron porque algunos brasileños y sus medios se mofaron de nuestro segundo puesto… ¡ni cabida! Cuando algo es tan ridículo uno ni siquiera tiene que dedicarle dos segundos de tiempo.

Y a los que empezaron con los disturbios en el centro, por mí que les caiga un piano encima a cada uno de ellos. No había lugar para eso hoy. Lo arruinaron. Ellos fueron los perdedores hoy.

En fin, perder la final. Es agridulce. Me quedo con la tristeza de lo que pudo haber sido, pero la felicidad de todo lo que fue.

En entusiasmo, la alegría, los abrazos con los amigos, pintarse la cara, gritar en el balcón.

¿Quién te quita lo bailado?

Nos vemos en Rusia 2018, para intentar dar un paso más.

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